Desconectar en vacaciones

Desconectar en vacaciones: ¿Soy capaz?

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Los periodos vacacionales son sin duda un anhelado tiempo que deseamos aprovechar al máximo, ya sea con nuestra familia o amigos, viajando, aprendiendo nuevas habilidades o simplemente cambiando nuestras rutinas habituales.

Sin embargo, los pilares básicos de una buena planificación y organización de nuestro trabajo también pueden (y deben) tenerse en cuenta para asegurar el mayor disfrute y aprovechamiento posibles de esas semanas de descanso. En caso contrario podemos caer en el error de tener la sensación de haber desperdiciado un tiempo muy valioso cuyas características después no vamos a ser capaces de recuperar.

¿Existe una “productividad vacacional”?

Si bien como tal no es un constructo validado y definido, esa misma sensación de que hemos tenido un día productivo en el trabajo se puede trasladar a las vacaciones: Según cómo se hayan orientado, es fácil enseguida desgranar si han sido útiles como descanso o por el contrario nos quedamos con la percepción de que no hemos cumplido con el objetivo de las mismas.

Y precisamente en ese punto está la clave: El objetivo de las vacaciones debe ser desconectar. Aunque aprovechemos el tiempo realizando determinadas actividades que puedan ser o no rutinarias, el foco atencional debe moverse desde las tareas de la oficina hacia poner todos nuestros recursos cognitivos y motivacionales en disfrutar y, sobre todo, en elegir qué hacer con nuestro tiempo. En realidad, esto no ocurre únicamente en los periodos vacacionales, sino que es importante trasladar ese equilibrio entre las tareas laborales y nuestro tiempo libre también a los “microdescansos” generados los días libres o fines de semana; aunque resulta obvio que el planteamiento es más importante a mayor longitud del descanso.

En ese mismo sentido, un marcador clave que nos puede indicar el grado de desconexión alcanzado es el nivel de energía del que disponemos a posteriori, cuando volvemos al trabajo: Nuestra proactividad, actitud hacia las cuestiones laborales y grado de ajuste en nuestra vuelta será mayor si hemos trabajado en dicha premisa. Y aunque pueda parecerlo, no se trata para nada de una utopía. Debemos perder el miedo a quitarnos el traje de “miembro productivo de nuestra organización” para pasar a ser un “miembro útil para nuestra salud emocional”.

El miedo a la desconexión: Tips para afrontarla

Nuestros hábitos y rutinas diarias pueden hacer en muchas ocasiones que tengamos una tendencia natural hacia atender los asuntos que puedan comprometer a nuestro proyecto laboral, especialmente si en el mismo ocupamos una posición de responsabilidad o coordinación. Si bien esto depende de elementos como el número de personas que conforman el equipo, el tipo de proyectos que afrontamos o las características de nuestros cliente, en este sentido puede ayudarnos el preparar con el tiempo necesario las semanas de desconexión: Esto pasa tanto por entrenar nuestras propias habilidades para ser capaces de delegar tareas, como dedicar tiempo específico en preparar a nuestro equipo y clientes para esas semanas de menos carga de trabajo, o directamente de ausencia en el mismo.

Generalmente, dejar para el último día la preparación del trabajo para las vacaciones no va a ser la mejor de las ideas. Entre otros motivos, porque si no realizamos una transición relajada y tranquila nos costará muchísimo más desconectar, al percibir cierta inseguridad en que no todos los “flecos” del trabajo quedaron bien cerrados. Además, hacer partícipes de manera progresiva de todas las tareas o de los proyectos internos que estemos desarrollando a las demás personas de nuestra organización hará aumentar un elemento clave en los equipos de trabajo: La confianza. A mayor confianza mutua con el equipo aumentará la satisfacción laboral, la calidad de las relaciones, el clima de trabajo y la tranquilidad de que, aunque no estemos, todos los asuntos urgentes o problemáticos van a estar bien atendidos. Bajo un prisma colaborativo la desconexión es mucho más rápida y efectiva.

A ello se suma el trabajo de relajación y de gestión de ideas y pensamientos irracionales que podemos poner en marcha para, de una manera consciente, obligarnos a desconectar. Plantéate, ¿será demasiado grave no contestar de manera inmediata a ese mail de un potencial cliente? ¿De verdad no atender a según qué cuestiones puede comprometer el esfuerzo puesto durante meses (o años) en mi proyecto o trayectoria profesional? ¿Soy verdaderamente consciente de que las vacaciones son una necesidad (y un derecho) ante el cual todo el mundo puede empatizar y que todas las partes implicadas en mi entorno de trabajo pueden comprender?

Reflexiona sobre el probable escaso impacto que tus SI probablemente merecidos días de descanso van a tener en tu vuelta. Adicionalmente, ante esos planteamientos que seguro tarde o temprano asaltarán tu mente, aplica alguna estrategia sencilla de respiración profunda, relajación, meditación, concentración en el momento presente, etc., que te ayuden a detener esos pensamientos y re-dirigir tu lenguaje interno hacia una visión más acertada y realista. Recuerda y visualiza el esfuerzo empleado durante el invierno: Te mereces la desconexión.

Organízate: Proyecto “vacaciones”.

En muchas ocasiones, esa sensación de no haber aprovechado ni descansado lo suficiente de las vacaciones la experimentan perfiles altamente productivos, personas que en su día a día laboral llevan un seguimiento activo y eficiente de toda la actividad pendiente, pero que después no trasladan esas mismas skills organizativas a un periodo tan importante como el descanso vacacional.

Si se posee experiencia en herramientas y metodologías productivas, podemos adaptar ese valioso conocimiento a la organización de nuestro descanso: Seleccionar herramientas sencillas, menos corporativas, que integren listados de aspectos que no debemos olvidar, organización en calendarios digitales y colaborativos de visitas y horarios de viaje, tener una biblioteca o unidad en la nube donde guardar información relevante referente a alojamientos, lugares a visitar, etc., suelen ser buenas prácticas para una organización más eficiente. Lejos de parecer excesivo, si tienes bajo control toda la información referente a tus vacaciones, podrás disfrutar de las mismas de una manera más relajada y segura.

Y por último, plantéate la utilidad que esos días van a tener en tu temporada laboral. Si eres una persona inquieta por aprender, apasionada por su trabajo o que, sencillamente, no tiene el hábito de viajar o cambiar demasiado sus rutinas en vacaciones, siempre puedes plantearte alternativas saludables para tu desarrollo profesional que mejoren y apoyen al mismo pero mantengan el planteamiento inicial y la premisa de no atender cuestiones de tu trabajo: Formación, introducción de nuevos hábitos, cambios en tu entorno de trabajo en remoto (si disfrutas de él), reflexión sobre proyectos personales que te gustaría desarrollar e implementar, etc.

Relacionado con esto último, se ha de añadir que las diferencias individuales de personalidad y del tipo de relación laboral que se tiene con el proyecto (asalariado, autónomo, becario, voluntariado, tiempo completo o parcial, etc.) se deriva el hecho de que no todo el mundo necesita esa desconexión. Quizá un elemento identificador del grado de satisfacción y ajuste con nuestro puesto es la propia motivación por querer “seguir conectados”; si bien la pauta o recomendación sanitaria general es que dentro de lo posible tomemos una temporada de distancia con nuestras labores diarias, para precisamente visualizarlas en perspectiva. Esto mismo va a afectar positivamente a elementos tan relevantes como la creatividad o generación de nuevas ideas.

En este sentido, desde La Fábrica del Tiempo® te planteamos un nuevo pack que puede apoyarte a cambiar tu perspectiva del trabajo y que, a la vuelta de tu descanso, aumente esa sensación de haber tenido un “verano productivo”.

David Olivares
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