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Procrastinar, postergar, eternizar… ¿cual es el verdadero problema?

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Procrastinación, eso que muchos desconocen, que otros tantos no saben pronunciar, y que curiosamente todos hacemos en más de una ocasión en nuestro día a día, mucho más de lo que pensamos.

Procrastinar significa aplazar, y se utiliza para indicar que estamos retrasando la ejecución de una actividad de forma indefinida. ¿A qué es debida esa dilación? Esto es algo que a todos nos suele pasar con las tareas que nos resultan menos atractivas, pero, ¿realmente es cuestión de lo divertida o no que sea una actividad, o más bien el problema es el desconocimiento sobre el modo de afrontarla?

Debemos partir de la base de que nuestro día a día se guía por los objetivos que nos hemos marcado, tanto a nivel personal como profesional, y que por tanto, la gran mayoría de las tareas que realizamos, o que tenemos pendientes de realizar, están relacionadas con la consecución de dichos objetivos. Siendo así, podemos llegar a la conclusión de que si bien no toda actividad pueden ser atractiva durante su ejecución, si lo es por el resultado que podemos obtener como consecuencia de la misma.

Pongamos unos ejemplos sencillos:

  • Caso 1: “Limpiar nuestra casa o piso”. Hay mucha gente apasionada por la limpieza, pero sin duda que hay muchas más personas (entre las que me incluyo) que piensan en ponerse a limpiar y automáticamente activan la maquinaría de la creatividad para definir mil y una excusas con el fin de no llevarla a cabo. En este caso concreto lo bonito de la limpieza no es tanto la actividad en si, sino el resultado de la misma que nos permite disfrutar de un entorno mucho más agradable en nuestro hogar.
  • Caso 2: “Estudiar para el examen de Álgebra”. En este caso, dependiendo del interés de cada alumno, la preparación y ejecución del examen puede ser o bien un trámite para lograr aprobar y estar más cerca de la titulación, o bien un camino enriquecedor en el que se disfruta aprendiendo.
  • Caso 3: “Preparar la memoria de un proyecto”. Tarea vinculada principalmente con un ámbito profesional, y en la que se relaciona el interés por conseguir los objetivos estratégicos de la organización u entidad en la que se desarrolla, con el interés personal de realizar un buen trabajo para obtener remuneración y el reconocimiento.

¿Cómo evitamos la procranistación?

Para evitar las situaciones de eternización, es recomendable seguir tres sencillos pasos:

  1.  Visualizar el objetivo de la tarea (porqué). ¿Porqué tenemos que hacerla? Tal y como comentábamos con anterioridad, estará relacionada bien con algún objetivo personal, o bien con algún objetivo profesional. Definir y recordarnos el porqué de las cosas hace que nos sea menos complicado llevarlas a cabo. Aplicándolo a los ejemplos anteriores, en el caso 1,  puede ser por el propio bienestar o confort, o simplemente por dar una buena imagen ante una visita, en el caso 2, por el objetivo de ir quemando etapas en la carrera hacia la titulación, y por último, en el caso 3, por la consecución de objetivos marcados por la entidad, y por los propios de cara a obtener una buena evaluación de su desempeño.
  2. Desglosar al máximo (cómo). Una de las causas por las que no nos ponemos “manos a la obra” con una tarea es el desconocimiento de lo que tenemos que hacer exactamente, y en consecuencia, cuanto tiempo nos va a llevar. Es conveniente hacer un desglose de todas las acciones que nos supone dicha tarea, lo que nos dará una visión mucho más clara y precisa del trabajo a realizar. Aplicándolo por ejemplo al caso 3, si nos fijamos la ejecución de una tarea llamada “preparar memoria del proyecto X”, no tenemos suficiente información como para determinar lo que tenemos que hacer. La buena práctica sería hacer un desglose de las acciones necesarias para la definición del proyecto, de recopilación de información, de elaboración del documento y de la presentación final.
  3. Elegir el momento adecuado (cuándo). Si tenemos claro el porqué, y tenemos claro el cómo, tan solo nos queda definir el cuándo, es decir, el momento en el que vamos a llevar a cabo cada una de esas acciones en función del tiempo disponible y la prioridad respecto al resto de tareas que tenga que desarrollar. Usando el mismo ejemplo del caso 3, al tener desglosadas todas las acciones, somos capaces de estimar el tiempo de ejecución individual, y por tanto programar el momento en el que se llevarán a cabo cada una de ellas.
Como complemento, a continuación os dejo un par de vídeos muy interesantes sobre procrastinación. El primero, una entrevista de Eduardo Punset (@epunset) a un docente que ha experimentado con sus alumnos sobre este tema, y el segundo un vídeo explicativo basado en el libro “You Are Not So Smart” de David McRaney (@davidmcraney).

La procrastinación en el programa REDES de La 2

Procrastination

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